jueves, 29 de marzo de 2012

BLUE CONECCTION de Dolors Alberola





BLUE CONECCTION

El azul fue un enigma, un pincel, una atmósfera.
Picasso tras sus alas extravió la mirada.
Pablo Neruda dijo, gritó la noche en Cuba;
pero nada tan íntimo, tan profundo, tan alto
como mostrar el río de la vida,
ese augusto canal,
el portalón celeste que se abre en la noche
a la luz de la tele y de la luna,
azul oscuro y próximo,
el húmedo parterre de los versos


Dolors Alberola

martes, 27 de marzo de 2012

VIENTO ENAMORADO de Antonia Cerrato Romo





VIENTO ENAMORADO


Es el aire el que mueve las Veletas
el que vuelca en plegaria las campanas
y esconde tras la hiedra, en albarranas,
el crotar de cigüeñas desinquietas.

Y esculpiendo su amor lanza saetas
que atraviesan escudos, barbacanas…
dulce beso que borda filigranas
en las piedras, amantes tan secretas.

Vuelto alfiz que perfila su hermosura,
de rodillas se postra en la Montaña
y declara su verbo en fina hechura,
porque es Cáceres dama a quien no engaña
lleva escrito entre yelmos y armadura
una rosa de vientos como hazaña


Antonia Cerrato Romo

GASTAMBALDE de Ángeles Asensio




GASTAMBALDE


Hoy he vuelto de nuevo al cortijo
que tanto he amado,
el que estaba sembrado de olivos
con huerta y naranjos,
donde luego, llegando el estío
-si el trigo ha secado-,
separaban haciendo una trilla
la espiga del grano.
Y encontré como en su caserío
ya no hay perros que salgan ladrando,
a su techo le faltan las vigas
-se han caído y está el cielo raso-
Y la noria del pozo no gira,
ni te vierte ya el agua sonando
cuando sube con los cangilones
que vacía, y vuelve a llenarlos.
Hoy he vuelto de nuevo al cobijo
de aquellos veranos,
donde un día naciera mi hermana
¡Divino regalo!,
y encontré que la vieja morera
que tú habías plantado,
aun tenia en su tronco caído
las moras colgando.
Ya no existe el jardín ni la parra,
no hay rosales, ¡ni adelfas, ni nardos!
No encontré los panales de abejas
que libaron las flores de antaño,
ni se escuchan las viejas cuadrillas
de labriegos volviendo del campo;
sólo queda el enorme vacío
de un recuerdo... Y su mudo quebranto.
Hoy he vuelto otra vez padre mío
al sitio añorado,
por si escucho de nuevo el sonido
que emiten los grajos,
o se oyen pastando las vacas,
volver el ganado,
chirriando los grillos,
las aves volando...
¡Y pudiera sentir como mío
el cielo y el campo!
Hoy he vuelto de nuevo al cortijo...
Y no te he encontrado.


Ángeles Asensio




MUJER DE ALEJANDRÍA...de Dolors Alberola



MUJER DE ALEJANDRÍA



Hoy quiero proponerte que desnudes mi alma,
que atravieses mi voz y cada sílaba
la tomes lentamente entre los labios
que no quise alcanzar.
Mastícalas muy fuerte, extráeles la sed,
que todas sus gacelas se arrepientan
de no haberte rozado.
Arrúgame el paisaje de la a y rómpeme los ríos
que guarda esa vocal en su andamiaje.
Luego, delgadamente, tritura una a una
todas mis consonantes y déjame sin voz.
Será como arrancarme la piel; yo, matemática
y astrónoma y filósofa, veré cómo destruyes
mis libros y mi cuerpo y ni aún así podré
olvidar que la tierra gira en torno del sol
como yo misma giro en torno de tu nombre.

Hoy quiero proponerte
que me mates al fin, que me deshagas,
que me apartes de ti. Ni de ese modo
dejaré de habitar la dulce biblioteca
de tu palabra viva,
el verbo que jamás he logrado besar con mis poemas.



Dolors Alberola


LOS OJOS DEL POETA de María García Romero





LOS OJOS DEL POETA


Al raso de la vida, deambulo,
por la Caleta libre de mi orilla.
La mar que teje el sueño,
que sostiene,
en su emoción atlante,
el trino de las aves que me buscan.
Algas y caracolas de la cuna,
donde sigo soñando,
esa luz irreal,
esa rosa cerrada de perfumada cal,
blanca paloma en cruce de caminos;
eucaliptos guardianes plantados en el alba,
Guadalete que gime,
castillo de Matrera,
inmensos olivares,
con sus huellas de sol sobre los hombres.
Duendes que taconean,
el compás de su aire,
como un embrujo,
o, acaso sean los ojos del poeta.


María García Romero

EL POTRO BLANCO de Juana Castro





EL POTRO BLANCO



Tiene razón ella, y el espejo
que me enseñó esta tarde.

-Mírate, tú no eres un hombre.

Los hombres nunca tienen
esa fiebre en los ojos, ni los muslos
les florecen redondos, ni en los pechos
les crecen dos botones
erguidos como islas detrás de la camisa.

-Mírate.
Y me miro,
y me voy desnudando
de mis tristes aperos.

Y entonces aparece, sin que yo lo convoque,
mi cuerpo como el lirio
de sol y la radiante manzana de la carne,
igual que en el milagro
del primer potro blanco saliendo de su madre.


Juana Castro

MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS de Irene Sánchez Carrón





MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS



No hay certezas detrás de tanta espera.

Náufragos que pobláis cualquiera de las islas
de este mar de silencio, transcurridos los años,
admitid de una vez que habéis sido olvidados.

Quizá pasaron barcos o pudieron ser sueños.
Escuchasteis canciones hechas de blanca espuma
que venían de lejos a embriagar los sentidos.

No miréis más el agua. El mar no es salvación,
sino vuestra locura. Las olas nada ofrecen.
Perdida ya la fe, no miréis más al mar.

Dirigid vuestros pasos sin dudar tierra adentro,
sin añorar más suerte. Dominad vuestras islas,
preparad la cosecha y recibid los frutos.

Levantad vuestra casa sobre firmes cimientos,
como si en ella hubierais de estar hasta la muerte,
esperada visita que arribará a la costa.

Cercioraos de estar completamente solos
y ordenad la soledad sin rabia o desaliento,
como si nadie hubiera de encontraros jamás.


Irene Sánchez Carrón



CÁCERES de Dolors Alberola




CÁCERES


Cuando la luz se incrusta entre la piedra
y el aire vierte, azul, dentelladas de noche
se eleva la ciudad, arco de sed y losas
y escaleras que, altivas, delimitan el sueño.
En ese navegar hacia la geometría,
se avienen a dormir el tiempo y la memoria
y Cáceres estira sus brazos y, desnuda,
su arquitectura es verso,
palimpsesto en que escribe su belleza la aurora.

Trina entonces el día,
las calles se despiertan, taladrando el silencio,
Santa María lanza sus campanas mojadas
y los ángeles lloran ramilletes de cera.
Todo vuelve a emprender su vuelo de sillares,
las ojivas desean convertirse en cigüeñas
y las rejas suspiran por atrapar la sombra.

Cuántos siglos vigila la Torre de Bujaco,
prohibiendo que el tiempo transcurra en los blasones.
Amarillos los pájaros descansan en su altura
y el Arco de la Estrella se cimbrea y los mece.

Ya todo queda en pie.

Con un rumor de voces que inunda la existencia
se vierte el colorido del mercado,
su latir hecho aroma,
el cierto pestañeo de puestos y persianas.

Se abren en par las puertas.

Canta el sayal del agua por lavar el cansancio,
las mujeres enjoyan sus perfiles de viento,
los niños son más niños, más juego, más paloma
y el pasado descubre, con sus ojos de mimbre,
que los hombres lo trenzan para alzar el mañana.


Dolors Alberola

OCTUBRE de Carmen Alegre



OCTUBRE


Porque el silencio de lo que se hunde
es como el gris de las sombras
que temen a la noche,
se parece octubre a la luz
que arde en la piedra.
Y todavía puedo sacar tu nombre
de esta boca,
y todavía pienso en tu vientre
mientras acaba la tarde.
Porque se parece octubre
a una mancha en el suelo,
a la palabra anterior a la hoja caída,
y sólo la luz es luz
cuando te nombro.


Carmen Alegre




QUEDA de Emilia Oliva




QUEDA




QUEDA un rincón de parque
un sendero de brumas entre álamos
la grisura de un día de penumbras
tan lleno de humedades
un fondo de bosque no explorado
el árbol desnudo
como un grito de ramas en la senda
un banco sin nadie
lo que tus ojos ven
lejano el frío
como el ruido del mar en la rompiente
penetra en los cristales
y persiste la intemperie de saberse
ya fuera del encuadre

Emilia Oliva


AIRE DE CERES de Isabel Blanco Ollero




AIRE DE CERES



Me miras piedra a piedra
y se adolecen mis ojos ante tanta heredad tuya.
Vivo en la savia de tus muros
y en el silencio casi humano de tu pasado.


Te confieso, Ceres, que los lejanos soles ya no me dañan
ni siquiera las acequias inhóspitas de la tristeza,
ni aquellos hondos círculos de desencantos ocultos
que se han ido convirtiendo en polvo, en otro tipo de raíces
donde crecen airosas leyendas.

Me gustaría pensar que eres el olvido de mi epitafio,
el presente eterno del aire, la piedra de mi médula.

En este Septiembre me desnudo ante ti, me quito hasta la piel,
para enseñarte todas mis heridas
y las huellas que ha dejado la noche en mi pecho.
Sé que aún te recorro, que aún vuelo por tus calles,
donde habitan los seis arcos
y donde bailan las sombras de mis antepasados.
que sueño madrugadas de encinas
y tejados de agua que voltean a las nubes incrédulas.

La muerte no me quita nada de ti.

Aún soy la niña del norte que continúa jugando a la vida.



Isabel Blanco Ollero



VERSOS SOBRE EL AGUA de Antonia Cerrato




VERSOS SOBRE EL AGUA



Porque nunca pude
memorizar un poema,
escribo versos sobre el agua

para que el agua los cante
y en el viento se sequen…
y en el viento se olviden.

Porque nunca supe
ordenar las estrellas,
y a las constelaciones
cambié su nombradía

enciendo velas a lo largo del río
que desemboca confuso
en el corazón del hombre.

Porque nunca sabré
el amor que me tienes
ni el odio que a ratos
pone cerco
al espíritu en tránsito,

porque jamás entenderé
un solo porqué de la vida,

me dejo morir en un poema
escribiendo versos de agua

para que en el viento se sequen
para que en el viento resuciten.


Antonia Cerrato